El día en que casi me petan el ojal

Mientras los españolitos de tomo y lomo están atareados viendo el furgoh y/o tirando petardos y gritando para celebrar la victoria de su equipo, me dispongo a dispongo a contaros esta pequeña anécdota al tiempo que bebo a gañote de mi botella de Valdepeñas.

Un buen día, en VK (el féisbuc ruso) vi que un ucraniano le había dado a “me gusta” a un par de fotos mías. Al entrar en su perfil, resultó que vivía en Marbella, y, bajo la sospecha de que fuera julandrón, decidí agregarlo para paliar mi sed de amistades en esta ciudad en la que no conozco a nadie.

Tras avisarlo de que no me gustan las pollas, empezamos a conversar. A los 5 minutos me pidió que lo llamara por teléfono para charlar sobre cómo íbamos a quedar, pero, rechazando su proposición, decidí darle una segunda oportunidad y acordamos vernos el martes.

Ese martes por la mañana le escribí para concretar el sitio y la hora. Él me dijo que quedáramos en un parque, pero yo le pregunté si es que no le gustaba la cerveza. Me contestó que no tenía dinero para ir de cervezas y me ofreció “sentarnos en un banco”. Yo acepté y no volvimos a hablar hasta una hora antes para acordar definitivamente el lugar. En ese momento, me ofreció venir a mi casa en lugar de a un banco como al principio. Yo le repetí que no me gustan las pollas, a lo que él me contestó: “yo tampoco soy guéi y, aunque lo fuera, tú no eres mi tipo”. En ese momento le expliqué que no iba a quedar con él y que no tenía por qué ocultar tu homosexualidad en España, que lo que no podía hacer es hacerle perder el tiempo a la gente. No me contestó, pero creo que le di una lección. Y  lo que es más importante, mi culo estaba a salvo.

Sin ti

Qué difícil es vivir sin ti. Sobre todo en las noches.

Todo ha perdido su sentido.

Больно…

¿Cómo es posible que todo haya terminado así?

Quiero hablarte pero no sé si será mejor dejarlo como está. Por el bien de los dos.

Quizás debería olvidarte, pero sé que no podré.

Sociedad enferma

Hace algunos meses que soy moderador de un videojuego. Mi trabajo consiste en contestar preguntas y quejas de los usuarios.

Hoy, como cada día, me han llegado varias quejas de personas que han comprado ciertos “paquetes” de objetos para el juego pero que luego no los han recibido. Dichos paquetes tienen precios diversos: desde 5€ hasta 50€.

Hoy un chaval había comprado 3 paquetes de 50€: unas botas, un casco y no sé qué hostias más para “vestir” al héroe del juego. Un total de 150 talegos. En ese momento pensé: “куда катится мир?”.

Unos muriéndose de hambre y otros comprándole zapatos de mierda a un héroe de un juego que ni siquiera existe.

Y luego las rusas se alarmaban cuando les decía que no quiero tener hijos.

Actualización después de mucho tiempo sin escribir

Cuesta creer que hace dos meses clavados, en un día como éste, estuviera disfrutando del gélido San Petersburgo. En estos escasos 60 días mi vida ha dado un giro de 180º. Jamás lo habría imaginado. He cambiado de país, he conseguido y perdido un trabajo, he cambiado de compañeros de piso (piso que pronto dejaré, para más inri), y, lo que es más importante, he dejado escapar al amor de mi vida; coño, hasta el teclado desde que el que redacto estas líneas es otro.

Me da vértigo pensar en los giros tan inesperados que da la vida. Vértigo y miedo.

Ahora me encuentro, una vez más, en el punto de partida. De nuevo solo, sin trabajo y viviendo con mis padres. La diferencia es que el barrigón es ahora el doble de lo que era la última vez  que me encontraba en esta situación. Y luego dicen que la adolescencia es la peor edad.

Mi primer trabajo en Españistán

Es la primera vez en mi vida que siento de verdad que tengo un jefe, y la verdad es que no se lo deseo a nadie, sobre todo cuando el cociente intelectual del mismo es comparable al de Paquirrín y te manda hacer cosas sin sentido constantemente simplemente porque sabe que tu tiempo tiene el módico precio de 2,33€/hora. Todo eso me pasa a mí, al tiempo que constantemente me siento humillado cuando la oigo hablar de sus millones o cuando leo los contratos millonarios que firma. Todo eso al mismo tiempo que me ofrece un trato infrahumano, como si en lugar de una persona fuera su esclavo y debiera estarle agradecido.

Y claro, el ver que las que se supone son mis compañeras de trabajo reciben el mismo trato y que, para más inri, le lamen el culo a la jefa como si no fuera a haber un mañana, no me hace sentir mucho mejor.

Si trabajar es tener que aguantar esto durante el resto de mi vida 8 horas al día, prefiero morirme de hambre.