Instituto Cervantes de Moscú: Cómo colocarse por enchufe

Esto ocurrió durante una clase de un curso que hay en el instituto Cervantes para formación de profesores en enseñanza de español como lengua extranjera. La profesora estaba dándonos ejemplos de juegos que podíamos hacer en clase con nuestros alumnos, uno de ellos relacionado con el grado comparativo de los adjetivos. En un intervalo de esos de 20 minutos que nos dan para hacer ejercicios que un mono haría en menos de 5, alcé la mano para hacerle una pregunta a la profesora. Cuando ésta se acercó, le inquirí sobre el uso del adjetivo comparativo “mayor”. Como yo ya me imaginaba, me dijo que “más grande” se usa para comparar el tamaño de algo, mientras que “mayor”, para la edad. Entonces le hice la siguiente pregunta: “¿Por qué entonces es correcto el uso de “mayor” en la frase ‘El volumen de exportación de tabaco de Méjico es mayor que el de España'”?, a lo que ella me respondió, nerviosa: “Bueno, según tengo entendido es incorrecto usar “más grande”, lo mejor es decir siempre “mayor” para hacer comparaciones. Por supuesto, ante semejante gilipollez no pude quedarme callado y le respondí: “¿Entonces lo correcto sería decir ‘mi mochila es mayor que la tuya’?”. Ella respondió afirmativamente y se alejó dejándome consternado.

Esta misma profesora, pocos minutos más tarde, explicaría que “dejastes” es el pretérito perfecto simple del verbo dejar.

Consecuencias de contratar a gente por enchufe, amigos míos.

Snowden: un héroe mundial

Acabo de ver esta peli y me he quedado sin palabras (si bien ya conocía el caso). No puedo entender cómo cojones vivimos en un mundo tan jodidamente podrido que condena la razón y la cordura en favor del puto dinero.

Nos tienen tan apollardaos con la tele, que nos dicen que Snowden es malo y nos lo creemos. Tócate los cojones, Mariloles.

Si tenéis tiempo, echadle un vistazo al filme.

Conducir en Rusia

Por todos son conocidos los vídeos en los que los rusos salen haciendo borricadas al volante. No sé si será por el paupérrimo estado de las carreteras o bien por la malafollá de los rusos (probablemente por una mezcla de los dos), pero en base a mi propia experiencia confirmo que la conducción en el país es temeraria, y prueba de ello es que todos los coches están dotados con cámaras para que los potenciales accidentes queden grabados. Aquí os dejo este vídeo para que os hagáis una idea del susto que paso cada vez que cojo el taxi o —incluso el autobús— y el tío empieza a dar frenazos y a cambiar de carril cada cinco segundos.

Mierdas mañaneras

Las nueve de la mañana. Me meto en Youtube y veo un vídeo con el título “¿La masturbación influye en el desarrollo muscular?”. Pienso: “¿Lo veo?” y tras dos segundos me doy cuenta: “¿No estás viendo ya que no?”.

El desprecio a los mayores en Rusia

En primer lugar me gustaría aclarar que, por respeto a la petición de un par de amigas, dejaré de llamar a Rusia “cloaca” de ahora en adelante, no porque haya dejado de serlo, sino para no herir la sensibilidad de las susodichas, quienes me espetaron que debería mantener ese tipo de aspavientos para sí. Me gustaría también recalcar que en ningún momento declararon que yo no tuviera razón, sino que simplemente no queda bonito referirme así a su patria.

Dicho esto, os cuento una peripecia que me acaeció la semana pasada mientras volvía cargado a casa después de haber hecho la compra para la semana. Por delante de mí, a unos 7 metros, había una anciana que parecía estar buscando algo en el suelo. Cuando un joven pasó por su lado, ella intentó pararlo pero el cerdo hizo un ademán que expresaba profundo desdén hacia la petición de la señora y continuó su camino. Cuando me acerqué yo, le pregunté qué le pasaba y me pidió ayuda para bajarse del bordillo de la “acera”, pues ella sola no podía debido a la montaña de nieve y suciedad que se elevaba en la calzada. Una vez pasado el obstáculo, me ofrecí para acompañarla a cruzar la calle, pero tuve que ser muy insistente para lograr convencerla, probablemente por la falta de costumbre a recibir ofertas así.

A posteriori, continué mi camino a casa mientras maldecía al cerdo y a este país de degenerados.

Incidente en el metro de Moscú

Los trenes del metro de Moscú son muy largos, de varios vagones. Ir andando desde el primero hasta el último puede llevarte tranquilamente dos o tres minutos de reloj. Es por eso que aquel día yo esperaba al final de la estación, desde donde luego tendría más rápido acceso a la calle.

El tren ya se aproximaba, con sus característicos ruidos tan desagradables, cuando a algunos pasajeros nos saltaron cristales a la cara. Por fortuna, ninguno a los ojos. El espejo retrovisor del tren había chocado contra algo y se había hecho añicos. El tren se detuvo antes de llegar al lugar acostumbrado y, de repente, entre el último vagón y la pared salió deslizándose un hombre. Lo primero que pensé es: “¿Cuándo se habrá caído este hombre a las vías? ¡No me he dado ni cuenta!”. Cuando por fin pasó a través, se podía ver que venía herido, con sangre en la cara, cojeando, y con la ropa desgarrada. Como os podéis imaginar, nadie se acercó a ayudarlo. El hombre pudo andar unos cuantos metros antes de rendirse en el suelo. Todo el mundo lo miraba atónito. Entonces llegaron cuatro niños de unos 18 años disfrazados de policía. Lo rodearon y, viendo que el hombre no contestaba, se rindieron rápidamente y simplemente parecían esperar algo. Entonces uno de los mocosos preguntó si alguien había visto lo que había ocurrido. Sólo mi amiga se atrevió a alzar la voz. Según me contó más tarde, los rusos en ese tipo de situaciones prefieren callarse para luego no tener que prestar declaración ante la policía y, en resumidas cuentas, evitarse líos.

Finalmente me subí al tren y partimos, dejando a aquel hombre en un estado de confusión absoluto y sin tener ni idea de lo que sería de él más tarde ni tampoco qué cojones estaba haciendo en el túnel en el momento del incidente.