Valorando Españistán

Cada vez que vuelvo a Españistán me doy cuenta de cosas que antes nunca habría valorado. Por ejemplo, el otro día después de haber hecho cola casi tres horas en la Alhambra para comprar una entrada, la vendedora me dijo que no encontraba mi nombre en la lista de personas que entran gratis. Lo consultó varias veces e incluso preguntó a sus compañeras, todo ello dándome un trato de amabilidad. Acostumbrado a Rusia, donde se habrían lavado las manos y me habrían gritado, no podía creer lo que veía. Me ocurre lo mismo cuando voy a comprar algo a la farmacia, y la farmacéutica me cuenta cómo le ha ido el día mientras me sonríe. En Rusia ni me habrían mirado a la cara y me habrían despachado de mala gana, si no con una patada en el culo.

Lo que os cuento es el motivo principal por el que a los extranjeros les gusta tanto este país. Al menos, a los rusos que, acostumbrados a vivir en esa cloaca, vienen aquí y se encuentran con que en el estanco, la farmacia o el bar de la esquina los tratan no como a clientes, sino como seres humanos con sentimientos.

Siempre recomiendo vivir en el extranjero a todo el mundo. Te cambia. Te mejora. Yo, por ejemplo, cuando vuelvo a Españistán me siento como un inválido que, habiendo pasado por un estado de completa inmovilidad, se ha recuperado y se siente más consciente que nunca de lo que significa no ser un tullido.

Русская удача

Si bien ya no estoy en Rusia, hoy por algún motivo he recordado una anecdotilla graciosa y quería compartirla con vosotros.

Antes de nada, he de aclarar que los rusos se están deseando buena suerte continuamente. No es algo que se haga para cuando vas a hacer un examen o te preparas para alguna entrevista de trabajo, como en Españistán. En Rusia se desea suerte incluso para ir a clase o para despedirse después de haber estado en el bar.

La anéctadota que os quiero contar tuvo lugar en un tren de “alta velocidad” (tampoco es tan alta) que conecta las ciudades de Moscú y San Petersburgo. Detrás de mí había un señor mayor ruso y un norteamericano que estuvieron charlando en inglés un buen tramo del camino. Por lo que mi sordera me dejó deducir, el estadounidense acababa de llegar a Rusia e iba a visitar la capital rusa de la cultura, San Petersburgo. Al despedirse, el anciano le deseó “buena suerte” al chico, el cual probablemente se asustó un poco al ver que le deseaban algo así para un evento como son sus vacaciones. El pobre pensaría que se lo iba a comer un oso en mitad de la calle o algo así.

¡Ay, qué importante es la cultura cuando estudias un idioma y qué poca gente es consciente de ello!