Calvo a los veintipocos

Hasta los veinte, sabes que te estás quedando calvo pero todos tus conocidos te dicen que no (porque todavía está incipiente). A los 23, cuando la alopecia arremete con más fuerza, ya se callan y no dicen nada, o te sueltan eso de que no importa. ¡Que no importa! Seguramente eso te lo dirán tus allegados con más pelo, que jamás podrán llegar a entender qué comprende realmente quedarse calvo siendo aún joven; que las mujeres dejen de mirarte y que la gente llegue incluso a considerarte inferior, como a alguien con una deficiencia (como el que lleva gafas). Inferior, sí. Ya no estás completo. Te falta virilidad y el autoestima que te daba esa densa melena que no hace tanto tiempo tenías.

Entonces empiezas a probar todo tipo de métodos contra la calvicie. Todos sin éxito. Te desesperas y piensas qué hacer. Miras al Borbón o a Berlusconi y te das cuenta de que algún método tiene que haber, pues a ésos no se les cae ni un pelo con los años. Pero claro, igualmente sus métodos no estarán al alcance de la clase media.

Te paras a pensar y ves que has pasado del acné a la alopecia de forma prácticamente instantánea, y te preguntas si tu padre ha estado haciendo un jodido experimento biológico contigo. Comprendes que no hay nada que hacer y lo aceptas con todo tu pesar, pensando: «Más me vale encontrar novia pronto, o ya mismo no me va a mirar ni mi mae». Y así es, así que… ¡daos prisa!

 

 

Y sin venir a cuento, os dejo esta canción: https://soundcloud.com/hamletband/directo-1998

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