Desengaños

Conocí a una persona que me hizo pensar por un momento que el amor existe, que enamorarse de verdad es posible, pero todo fue un espejismo. Esa misma persona me abrió los ojos y me dio a saber que no fui más que un iluso que, en un acto de desesperación, quiso pensar que hay algo que nunca hubo. No quise creerlo, y llegar a esta conclusión ha requerido tiempo de reflexión. Ahora estoy convencido de que estoy en lo cierto: el amor verdadero, cien por cien puro, es un mero invento propio de la ciencia ficción. Todo es efímero.

Ahora esos momentos de falsa felicidad me saben mal. Ha sido como vivir en la caverna de Platón para luego salir a la superficie. Por una parte, sorpresa, por no esperar una decepción de esta persona; por otra, pienso cómo he podido estar tan engañado todo este tiempo.

Los desengaños no dejan de doler aunque ya hayas perdido la cuenta de por cuántos has tenido que pasar. Supongo que es lo que pasa cuando vuelves a confiar en alguien además de ti mismo.

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