Última crónica rusa de mi estancia

Iba de mi casa al metro y, yendo cuesta abajo, observé que un tractor de ésos que riegan las calles con dos mangueras en cruz que expiden un líquido cuya composición me es desconocida me venía de frente. Cuando lo tenía a pocos metros, pensé: «Vale que esto sea el Tercer Mundo, pero de ahí a que el tractor no vaya a cortar la manguera cuando pase por mi lado, hay una diferencia». Efectivamente, me equivoqué. El tractor pasó por mi lado y, a pesar de que yo me hice a un lado todo lo posible previendo lo que iba a acontencer, éste no cortó el agua y me mojó.

Lo más divertido fue cuando, pocos días después, estando yo fumando mientras esperaba a una amiga, observé una escena similar pero con otra víctima, y el tractor tampoco cortó el agua; y digo divertida porque la mujer a la que mojó siguió andando como si eso fuera lo más normal del universo.

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