Nimiedades que calan

Eran las diez pasadas de la noche y estaba esperando el microbús. En la parada había otro chico gafotas esperando también.No tardó mucho en llegar un microbús que parecía no estar de servicio, pues llevaba las luces de dentro apagadas. Abrí la puerta y el conductor me preguntó adónde iba. Yo le respondí y él me dijo que sólo podría llevarme al centro y que lo haría gratis, pero yo le di las gracias y rechacé su oferta. En aquel momento pensé  lo buenos que son los inmigrantes que conducen los microbuses. A pesar de estar marginados socialmente, trabajar todo el día por tres perras y vivir en guetos, siempre sorprenden con su bondad. Un ruso jamás habrías se habría parado, qué decir ya de llevarme gratis.

Pasaron 25 minutos y no venía nada. Antes de congelarme del todo, decidí llamar un taxi que me llevara a casa. A los dos minutos llegó y me subí. Por algún extraño motivo decidí mirar atrás y pude observar cómo el gafotas se subía al microbús que acababa de llegar.

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