Comprando una plei 4 de segunda mano en Rusia

Llevaba ya tiempo queriendo escribir esta entrada, pero debido a que recientemente he adquirido la plei 4, no he tenido mucho tiempo.

Y bien, la historia se remonta atrás unas semanas, cuando empecé a buscar pleis de segunda mano en Avito, una página web rusa muy cutre pero muy famosa que se usa para comprar cosas usadas. Estuve sobre una semana y media buscando, poniéndome en contacto con diferentes vendedores y trasteando, pero ninguno me parecía demasiado fiable. Unos te pedían el dinero de antemano, otros no sabían ni escribir… En fin, todos tenían una cosa u otra. Hasta que una buena mañana encontré a un tío que parecía normal. Lo llamé por teléfono y hablaba clarísimo (cosa que los rusos hacen sólo cuando pertenecen a los altos estratos de la sociedad), se expresaba muy bien y fue de lo más amable. Así, quedamos en su casa para esa misma tarde para recoger la consola, tras probarla previamente, a lo cual había accedido amablemente. Por suerte, un amigo se ofreció a acompañarme, pues, al fin y al cabo, estaba en Rusia, y aquí todo es posible.

El tío vivía en el quinto pino y tardamos casi una hora en llegar en metro. Cuando estábamos acercándonos al edificio, recibí una llamada suya preguntándome dónde estaba. En ese momento ya no me pareció tan simpático como por la mañana.

Cuando entramos al portal, casi me caigo atrás del tufo que allí había. Parecía como si se hubiera muerto alguien y, para ocultar el olor, hubieran tapado el cadáver con mierda. Aun así, nos metimos en el destartalado ascensor soviético hasta la sexta planta. Al salir, nos esperaba un hombre con el típico peinado ruso (de tazón, como digo yo) que fumaba en el descansillo. Al vernos, con su cara toda roja debido a la tajá que llevaba encima, nos dijo que sólo uno podía entrar, que su casa era demasiado pequeña para tantas personas. Probablemente al ver nuestra reacción, pensó que aquello no era muy normal y al final cedió y nos dejó pasar a ambos. Al entrar nos esperaba un enorme perro y su mujer, que no nos dijo ni hola. Nos hizo pasar a la habitación donde, además de la plei, sonaba una música de esa que escucha la gente que ve Gran Hermano o va a las corridas de toros, es decir, música de subnormales. Al cabo de unos minutos, el hombre se contradijo varias veces en sus afirmaciones y soltó bastantes tacos, cosa que en Rusia sólo haría un cani o alguien del estilo.

Dos más dos son cuatro. Aquello tenía una pinta de timo que lo flipas, y yo no sabía cómo irme de allí. Ya no quería comprar la consola, pues todo era demasiado sospechoso: la música, el hecho de que no tuviera ningún juego en disco, el amigo suyo que llegó después… Al final le dije que volvería al día siguiente con un disco para probarla, si bien ambos sabíamos perfectamente que eso no iba a pasar.

Una vez en la entrada, ya calzado y con la chaqueta puesta, mi amigo y yo estuvimos esperando a que el vendedor borracho se despidiera de nosotros durante varios minutos de reloj. No sé qué hacía con su mujer en la habitación todo ese rato en lugar de salir a despedirnos, y probablemente nunca lo averiguaré, pero lo importante es que ahora estoy aquí escribiendo esta entrada y con la cartera intacta.

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