Curiosidades cloaqueras

Una cosa que siempre me ha llamado mucho la atención de los rusos es su poca maña para manejar los dispositivos electrónicos. Por ejemplo, sólo conozco a un par de rusos que sepan teclear a una velocidad medio decente. Incluso los jóvenes.

 

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Mi viaje a Roma: impresiones

Hoy he vuelto de un viaje a Roma que ha durado siete días y he decidido plasmar mis impresiones ahora que todavía las tengo recientes.

Lo primero que me llamó la atención fue el estado en que estaban las calles: mugrientas y llenas de disparejos adoquines que parecían proceder de la época de Tito Aurelio; pasos de cebra que apenas se discernían; y un tráfico que por no respetabar no respetaba ni los semáforos en rojo. Cada vez que cruzaba la calle temía por mi vida.

De la semana que pasé en la ciudad, la mitad del tiempo estuve sin agua caliente o sin internet. Cuando iba a quejarme al regente, éste, con total parsimonia, me respondía: “Tudei is not guorquin. Meibi tumorro”.

Y lo cierto es que ABSOLUTAMENTE TODO en la ciudad funcionaba como el hotel. Desde el abarrotado transporte público hasta las calamitosas páginas web a medio traducir que te venden entradas para las diferentes atracciones turísticas.

Para ponerle la guindilla al pastel, en el camino de vuelta, en el autobús, se me sentó al lado un italiano que no se cortó en gesticular y perturbar la tranquilidad de los demás pasajeros procedentes de países civilizados durante todo el camino.

Tal ha sido la impresión que me ha causado este país, que me atrevo a comprarlo con la Cloaca.